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martes, 6 de noviembre de 2012

Los Kennedy, ¿familia perseguida por la muerte?


Los mitos crecen en la medida en que son atractivos. Surgen sin intención y también muy bien inventados. Se les da cobertura si venden, y para que vendan más. Y casi no hay familias famosas sin mitos. Los Habsburgo, por ejemplo, tenían, cuando gobernaban, fama de que una dama blanca se les aparecía a los que estaban por morir, con el fin de anunciarles el evento y quizás para que se prepararan para el viaje o echaran mano a la resignación. Incluso hay un libro titulado La Dama Blanca de los Habsburgo, escrito por Paul Morand.
En lo que a los Kennedy se refiere, miticamente son -o fueron cuando eran más importantes- perseguidos por la muerte, ese ser encapuchado que lleva siempre consigo una tétrica guadaña con la que cumple su misión. ¿La razón? Que muchos de ellos han muerto…, como mueren las personas, claro.
El inaugurador del mito fue Joe Kennedy Jr, un joven soldado durante la segunda guerra mundial que, celoso de su hermano menor, John, buscó de manera negligente su muerte tratando de pilotear para vestirse de héroe un avión cargado de explosivos. Después le siguió su hermana Kathleen, quien también murió en un accidente aéreo.
Años más tarde vino la muerte de los dos hermanos, John y Robert, exterminados por sicarios que seguramente habían sido enviados por personajes poderosos que pretendían destronarlos porque les significaban un peligro. Y a punto de cerrar el siglo pasado se accidentó, una vez más en avión, John Kenndy Jr. Otros Kennedy después de él han muerto, pero fue él -el joven estadounidense más fotografiado de la segunda mitad del siglo XX- quien cerró la cadena de tragedias que sirven a muchos mitómanos para asegurar que los Kennedy son -o fueron- una familia perseguida por la muerte.
Viendo las cosas cómo realmente fueron, a los Kennedy no los seguía la muerte. Murieron trágicamente cuatro hermanos de los nueve hijos de Joe y Rose Kennedy por distintas y lógicas razones. Tenían, eso sí, una tendencia a buscar los peligros, porque se creían invulnerables. El primogénito, Joe Jr, habría llegado a viejo y a presidente de haber sido más prudente. John y Robert fueron liquidados porque estaban expuestos a eso debido al gran poder e influencia que tenían. Eran otros tiempos, a Dominique Strauss-Kahn lo liquidaron muy probablemente por las mismas razones pero de diferente manera: metiéndole una mujer en la cama.
La única que murió en un accidente no buscado fue Kathleen, desgracia a la que se expuso al viajar en un avión como lo hace muchísima gente todos los días. En cuanto a John Jr, fue otro caso de autentica negligencia al empeñarse en viajar sabiendo que las condiciones meteorológicas no eran favorables para hacerlo. Fue el tercer miembro de la familia en morir en un avionazo. Por tanto, si bien es ilógico que la muerte, la ya mencionada encapuchada de la guadaña, ande tras ellos, lo que sí es muy probable es que los fabricantes de aviones los traigan entre ceja y ceja.

martes, 29 de mayo de 2012

¿Y quién mató a los Kennedy?


El 22 de noviembre de 1964 el mundo entero se conmocionó, o cuando menos la parte civilizada, porque John F. Kennedy, el presidente más carismático en la historia de los Estados Unidos, con mucho el más promiscuo y también uno de los peores gobernantes, pero experto en promocionar su imagen, era abatido a tiros mientras circulaba por una calle de Dallas. 
Las teorías sobre quién lo mató comenzaron a circular cando todavía ni siquiera terminaban los funerales. Los libros, que requieren un cierto tiempo para su escritura y edición, tardaron un poco más en salir. La lista de sospechosos se conformó pronto, de acuerdo a gustos e ideologías, y sigue vigente. Porque el misterio, después de casi medio siglo, continua sin resolverse.
Para algunos la cosa parecía bien sencilla. John F. Kennedy era un presidente cargado a la izquierda, había dado algunos malos ratos a los capitalistas estadounidenses, sobre todo a los magnates del acero. Ellos, se creyó y se cree, debieron haberlo matado para que dejara de importunarlos.
Pero otros decían que el enemigo les llegó de afuera. Kennedy había invertido buena parte del tiempo que llevaba como presidente tratando de matar a Fidel Castro, y muchos pensaron que el dictador cubano devolvió el golpe con mayor puntería. Esta teoría no era menos que desagradable para los estadounidenses. Que Castro, desde su isla caribeña, pudiera darse el lujo de penetrar a los Estados Unidos y matar al presidente era un duro golpe al patriotismo yanqui, crecido por la fama de invulnerabilidad.
Una teoría más sugiere que no fue Castro pero que sí cubanos. En la llamada invasión de Bahía de Cochinos, en  la cual los cubanos de Miami querían derrocar a Castro, Kennedy los dejó abandonados a su suerte a última hora y muchos fueron masacrados o encarcelados por el ejército castrista. Era sensato pensar que algunos cubanos en venganza decidieron atentar contra Kennedy.
Ésas son sólo las tres teorías más difundidas, porque hay muchas más. Algunas incluso sugieren que el propio Kennedy, al estar desahuciado por una enfermedad, decidió tener una muerte heroica que el mundo nunca olvidaría. Si fue eso, lo consiguió.
Lo que es más factible creer, es que quien mató a un Kennedy mató al otro. El mundo entero lleva casi medio siglo sin saber la identidad del asesino intelectual, pero el gobierno de los Estados Unidos, la CIA y la propia familia Kennedy, muy probablemente no ignoran lo que realmente ocurrió.
Por eso, casi cuatro años después, el 6 de junio de 1968, Robert F. Kennedy, cuando ya se le veía muy cerca de la Casa Blanca, fue asesinado en Los Ángeles. Es evidente que si Bobby llegaba a la presidencia, con todo el poder que eso significaba, cobraría venganza por la muerte de su hermano. Y si lo mataron fue porque el asesino sabía que él, Robert, lo tenía en la mira.
Quien mató a un Kennedy probablemente los mató a los dos, al primero porque le estorbaba y al segundo porque sabía quién era y como presidente podía vengarse de él. Fue alguien muy poderoso y probablemente estadounidense, porque usó su poder para entorpecer las investigaciones de ambos crímenes.
Durante muchos años el mundo se ha preguntado quién mató a Kennedy, pero tal vez la expresión más adecuada sea quién mató a los Kennedy. De momento, aunque ha pasado mucho tiempo, sólo hay teorías, algunas absurdas y otras no tanto, pero la verdad quién sabe si saldrá algún día a la luz.

viernes, 23 de marzo de 2012

Los Kennedy, un drama americano (Peter Collier y David Horowitz)

Los Kennedy hasta la actualidad siguen siendo la familia más atractiva de todo el continente Americano,  no por los que viven hoy, no se ve a ninguno con posibilidades de llegar a la Casa Blanca, pero sí por los que vivieron en el siglo pasado. A pesar de que sólo John llegó a ser presidente, los demás miembros del clan hicieron lo propio para que el mundo fijara su mirada en ellos. Los líos de faldas de todos los varones de la familia, la manera en cómo el patriarca hizo su enorme fortuna y sobre todo la muerte trágica de varios miembros hicieron de los Kennedy una dinastía que vale la pena estudiar.
Sobre ellos, y más que nadie sobre John, se publican anualmente muchos libros en ingles. Bastantes menos de los quisiéramos se traducen al español y llegan a librerías hispanas, pero afortunadamente los necesarios para conocer la forma y el fondo de esta enigmática y no menos atractiva familia. Los Kennedy, un drama americano, de los periodistas norteamericanos Peter Collier y David Horowitz, es uno de los libros sobre  ellos, los Kennedy, más populares en español, desde que se editó por primera vez, en 1985. Y no es para menos, se trata de un libro bastante bueno, que ofrece una visión muy bien elaborada de todos los miembros de la familia.
Los autores repasan, uno a uno, a todos los Kennedy, desde el primero que llegó a los Estados Unidos con lo puesto proveniente de Irlanda en 1849, llamado Patrick, como el santo patrono de su país, un nombre que llevarían muchos de sus descendientes varias generaciones después para no olvidar su ascendencia católica irlandesa.
Patrick vivió poco tiempo en los Estados Unidos, murió joven, apenas alcanzó a dejar descendencia, de la que él jamás imaginó hasta dónde llegaría. Ya su hijo, con el fuerte estigma de ser “irlandés”, llegó a incursionar en la política de Boston, demostrando la gran ambición que caracterizaría tiempo después a todos los miembros de su familia.
Pero fue su hijo, Joseph Patrick, el segundo Kennedy que nació en los Estados Unidos, el hombre que trasformó a la familia en un mito, y sin duda sin él los Kennedy hoy en día no serían lo que son. Su importancia puede definirse con unas cuantas palabras: su hijo John fue presidente porque él decidió que lo fuera. Su enorme inteligencia lo llevó a comprender todas las vías que en su tiempo llevaban a hacer dinero. Y lo hizo a montones. En la forma era un ciudadano modelo: devoto católico, buen padre y esposo y patriota americano. En el fondo, sin embargo, jamás fue muy bueno para ocultar sus defectos, que le dieron fama de hombre inmoral con mil y un argumentos.
Me he encontrado con otros libros en los que ese patriarca, Joseph Kennedy, es retratado como un monstruo ambicioso capaz de apreciar a sus hijos en la medida en que éstos pudieran satisfacer su narcisismo y su enorme complejo de superioridad. Pero aquí no ocurre lo mismo. Si bien queda claro el porqué de su mala fama en muchos aspectos, como padre Collier y Horowitz nos ofrecen a un hombre con sentimientos, preocupado siempre por sus hijos, que llegó a sufrir como cualquier otro con las perdidas que tuvo que padecer.
Fue precisamente el carácter del padre lo que llevó a John y a sus hermanos a formar una familia tan hermética, compitiendo siempre entre ellos, pero protegiéndose como leones contra toda amenaza exterior. Los Kennedy no tenían amigos, porque sus amigos pronto tenían que pasar a ser sus sirvientes o sus bufones, para poder permanecer en su entorno. Sólo se preocupaban por su familia, lo demás, todo, podía ser sustituido siempre.
Los Kennedy, un drama americano nos ofrece un análisis muy detallado de ésta no poco interesante familia; como ya dije, de todos sus miembros y de todas las generaciones que han nacido en los Estados Unidos, incluyendo también a nueras y yernos y la razón por la cual estos últimos fueron admitidos en el clan. 
Quien haya pensado que las biografías de familia sólo son interesantes cuando se trata de los Habsburgo, los Borgia o los Borbones, sin duda se equivocó.