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Reseñas de novelas de héroes solitarios

miércoles, 2 de mayo de 2012

El duque de Morny


El Segundo Imperio francés estuvo integrado por varios personajes que tenían una historia no poco interesante desde antes de nacer. Empezando por el propio emperador Napoleón III, Bonaparte sólo por nombre, continuando con el conde Walewski, Bonaparte de sangre mas no de apellido, y rematando con el duque de Morny, nieto del mismísimo Talleyrand que no llevó su apellido, podríamos decir que la corte de ese Segundo Imperio fue la corte de los bastardos.
Hortensia de Beauharnais fue la hermosa hija de la emperatriz Josefina y su primer esposo, aquél que murió guillotinado. Napoleón, su padrastro, llegó a quererla mucho y para asegurarle una vida de esplendor la casó con su hermano Luis. Pero el matrimonio de Hortensia y Luis no funcionó, las infidelidades más de ella que de él llegaron pronto. Cuando en 1808 nació Luis Napoleón, el que llegaría a ser emperador años después, su padre se negó primero a celebrar el alumbramiento y después a reconocerlo legalmente. Bien recordaba no haber estado en su lecho marital en mucho tiempo como para que el recién nacido fuera obra suya.
Medio año tuvo que pasar para que Luis, por orden de su hermano Napoleón, reconociera al niño como su hijo. Dos años después el matrimonio llegó a su punto final. Hortensia entonces vivió felizmente con su amante, el conde de Flahaut, hijo bastardo del obispo Talleyrand. De esta relación nació un niño en 1811, pero ya para entonces Hortensia no tenía un esposo al cual culpar del alumbramiento. La situación no era sencilla. El recién nacido necesitaba un apellido para existir, fuera cual fuera y de quien fuera.
Un militar anónimo apellidado Demorny fue, mediante un pago, el que reconoció al niño como si hubiera sido suyo. El pequeño Carlos Augusto Demorny después sabría aprovechar la ventaja de que su apellido iniciara con De. No heredó el nombre de su abuelo Talleyrand, pero sí algo mejor: su inteligencia. Jamás se acomplejó por su bastardia, siempre habló de ella abiertamente y la usó para cubrirse con una ola de importancia y misterio. Se inventó un condado al que llamó Morny y entonces fue que modificó su apellido, lo aristocratizó y pasó a llamarse conde de Morny.
De joven ingresó al ejército francés, pero la carrera de las armas terminó por no ser de su agrado y la abandonó en 1838. En París trató de labrarse su futuro. No le era tan fácil y sólo podía valerse de su inteligencia para lograrlo, ya que entonces su hermano Napoleón vivía en el exilio y no tenía poder alguno.
Cuando por fin, después de muchos intentos y de casi perder la vida, Luis Napoleón se hizo presidente de Francia, su medio hermano De Morny siempre estuvo detrás de él, intrigando a su favor. Después, cuando la Republica pasó a ser Imperio con Luis Napoleón trasformado en Napoleón III,  otra vez De Morny fue un hombre crucial que enfrentó los acontecimientos que bien podían contarle la vida con demasiada sangra fría.
Ya como hermano del Emperador, el conde de Morny pasó a ser duque. También fue por un tiempo embajador en Rusia, donde se hizo de una esposa bellísima y casi tres décadas más joven que él. Su padre, aquél que lo había engendrado sin darle su nombre, fue también, bajo el Imperio de su hermano, embajador de Francia en el Reino Unido. Extraña familia ésta que pese a todo trabajaba muy unida.
La ambición de De Morny fue, a fin de cuentas, la que llevó a su hermano a la ruina. Siempre procuró servirse de su parentesco con el Emperador para que sus negocios fueran fructíferos. Cuando Napoleón III invadió México fue para llevar a cabo un negocio que traía entre manos De Morny. La empresa resultó ser un fracaso y Bismarck, que en todo estaba, comprendió cuan débil era Napoleón III. 
Pero el duque de Morny no tuvo tiempo de acompañar a su medio hermano hasta el final. Murió en 1865. Tres años después murió también el conde Walewski, el hijo bastardo de Napoleón, y dejaron al emperador completamente solo. El Segundo Imperio francés según algunos historiadores se levantó sobre dos pilares, De Morny y Walewski, y sin ellos era imposible evitar que colapsara cuando  ya no existían.

2 comentarios:

  1. Interesante... No conocía a este hombre, al menos que yo recuerde.

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  2. Apenas recordaba ese momento de la historia, por lo que siempre es bueno que te lo refresque alguien. La verdad es que tengo que darte la razón en la relevancia de algunas personas incluso desde antes de nacer.

    Un beso.

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